domingo, 14 de octubre de 2012

Maldita seas

Venga, Iván, aguanta un día más.
Maldita seas, Mar.
Maldita seas por cuanto te quiero y por cuanto te deseo.
Sin ti no me apetece respirar. No hay mas abrazo que el del olvido. La tristeza me invade por oleadas, formando un nudo en mi garganta. Da igual donde esté, las lágrimas caen de mis ojos y solo quiero no estar aquí.
Tu me enseñaste a Alejandra Pizarnik. Era una mujer tan grande que no cabía dentro de esta vida. Así es mi amor por ti, no cabe dentro de mi y me consume. Me ahoga.
No quiero despertar por las mañanas, ya no. Cada paso deseo que sea el último. Es una tristeza que no puedo explicar. Y lloro y grito en silencio. Un grito ahogado en lágrimas y llanto desesperado. Ojalá escuchases mi voz. No lo haces, no lo harás. No puedes oírme mientras cantas, no quieres oírme.

¿Qué me queda? Nada, nada me queda. Te he entregado todo lo que tenía, todo lo que necesitabas. Y ahora, solo tengo lágrimas.

Ojalá alguien pudiese decirte cuanto te quiero. Ojalá escuchases a esa persona. Pero nadie lo hará. Nadie te dirá eso porque no saben que existo siquiera. No has permitido que nadie supiese lo nuestro.



Estoy cansado. Las torres del cielo me aguardarán hasta que no pueda mas. Pronto, muy pronto. Lo sé.

miércoles, 18 de junio de 2008

Feliz cumpleaños

...y que cumplas muchos más.
Hace 24 años a un niño se le cayó un vaso de agua. El no sabía que podría significar eso. Pasarían 22 años hasta que las cosas empezaran a tener sentido. No llegarían a pasar otros 2 para que lo volviera a perder.

viernes, 13 de junio de 2008

Melancolía

Cuantos susurros malgastados en una noche. He bebido de tus lágrimas y de tu sexo. He llevado hasta tu memoria las ilusiones que perdiste siendo aún muy niña. No, no pude devolverte esa inocencia. A cambio, te ofrecí tus sueños. Los puse a tus pies. Luché por ellos, por hacerlos realidad. He sangrado allanándote el camino.
Nunca te lo dije pero ver cumplidos lo que creía que eran nuestros sueños por poco acabó conmigo por dentro y por fuera. Pero no importó, valía la pena, eras alguien por quien luchar. Lo viste desde fuera, no tuviste que aguantar la tensión en tu cuerpo. A veces cuando no estabas, me derrumbaba, así podía ofrecerte al menos por un instante, la mejor de mis sonrisas y podría intentar hacerte reír. Pasé por un autentico infierno personal en muchos sentidos y callé. Las dudas me asaltaron pero, por la noche te veía dormida a mi lado y todas las dudas se disipaban. Esa imagen por el resto de mi vida bien valdría todo por lo que pudiera estar pasando. No soy un buen tipo y mucho menos pretendo ser un mártir. Solo soy un tipo normal, con sus, dudas, fantasías, miedos y frustraciones que se enamoró. Algo que todo el mundo debería hacer dos veces en la vida.
He cometido grandes errores y he hecho cosas de las cuales nunca me expiaré de culpa. He perdido el control. La situación me pudo, pero tranquilos, eso no es una excusa ni pretendo que la sea.
Puede, y solo puede, que algún día entiendas esto. Por tu bien, espero que jamás sepas por lo que estoy pasando. ¿Cómo crees que me siento cada vez que me giro y no estas a mi lado?¿Sabes acaso el frío que se puede pasar a 32º C?¿Eres capaz de comprender lo que significa construir un sueño para que otra persona lo viva? No, claro que no.
Convéncete tu misma si lo deseas, pero con un lo siento no basta.
Adiós y buen viaje, me apeo aquí, en la estación de la melancolía. Solo llevo mis recuerdos pero, aún así, resulta un pesado equipaje de mano. Nunca quise abandonar el tren, recuérdalo, tú me echaste. No volveré a coger ningún otro tren, pues eras la única compañera de viajes. Me hubiera gustado tenerte gordita a mi lado.
Nunca lo sabrás, nunca leerás esto y para ti solo serán palabras pero no lo son. A veces las cosas son más grandes de lo que pensamos. Quizás algún día, una chispa haga que recuerdes esto. Puede que no sea un a historia épica pero para mi era tan bella como las estrellas del firmamento. Estrellas que me recuerdan que una vez amé. Una vez, fui un hombre.

miércoles, 4 de junio de 2008

Agujas


Los recuerdos se clavan en mi cabeza, atraviesan mi cordura, perforan mi alma y desangran mi vida. Veo fantasmas allí donde miro. Veo momentos de otra época, de otro tiempo. Oigo palabras que no han podido ser dichas, veo niños no natos. Puedo oler el aroma de los jazmines que no florecerán de un jardín que no existe.
La noche me reserva un Blues como si de una declaración de intenciones se tratase. Me dice que no llegará el momento, que no se presentará la ocasión. Flotan voces en la noche, cargadas de rabia y sabiduría arcana. La oxidada experiencia me dice que me busque a mi mismo y que quizás en ese instante seré capaz de volver a sonreír. Puede que no sea tanta la intención, como la oportunidad, seguro que no.
Creía en algo, creía en ello con fervor religioso. Era mi credo y mi vida se dirigía a un fin. Pero entonces el viento cambió. Mi vida se disipó, se escurría entre mis manos como granos de arena. Por más que me aferraba a ellos más se caían.
Tristeza, impotencia, desilusión, desasosiego. Esperanzas perdidas y sueños brutalmente violados. Esperas en vano.
Tras horas de vigilia, aparece el sueño. Al ser este interrumpido, buscas algo a tu lado, algo con la mirada que te indique que allí continúa, pero no hay nada y empiezas a pensar que jamás lo hubo, solo frío vacío. Hechas la culpa al camello que te pasó esa mierda, al licor que juras no volver a tomar hasta la semana que viene. Intentas convencerte que tu imaginación te ha jugado una mala pasada por una copiosa cena. Entonces vuelves a mirar a la pared donde usualmente perdías la mirada y allí reposando, se encuentran las fotos.
Mierda. Todo fue real. Los besos, los abrazos, las sonrisas, las tardes en el parque, las noches sudando y las lágrimas. Todos tus errores son saetas clavadas en tu conciencia. Todo lo que entonces te queda de otra vida son lágrimas acariciando tus mejillas que repentinamente se precipitan a tu almohada.
No sirve de nada gritar cuando nadie te oye.
Solo puedes huir con la esperanza de poder dar esquinazo a todos los recuerdos. Pero te acosarán en cada motel en el que hagas noche. Llegarán los recuerdos con forma de canción en mitad de la oscuridad, sentado en una cama con la firma de mil amantes, sin hacer caso al televisor que se enciende frente a ti.
En cada sendero que cruzarás te preguntarás como hubiera sido. Nunca lo sabrás, así como nunca sabrás que no hay huida posible. No puedes escapar de lo que llevas dentro, como no puedes extinguir un volcán con un extintor.
Despierta, es hora de volver. Hora de comprar cariño en cualquier tienda de alimentación. Pasaré el código de barras y cargaré dos en mi tarjeta de crédito.
Solo he salvado una vida, dos si me apuras. Salvo eso, ¿cuál es mi legado? Agujas, solo agujas infectadas de recuerdos.
Las bestias nunca deberían intentar ser hombres ni los hombres deberían intentar ser bestias. No sé nada de la locura a la que desciendo, pero sé todo sobre aquello que dejo atrás.

domingo, 1 de junio de 2008

FELICIDAD

¿Qué coño es la felicidad? ¿Un televisor de plasma de 42 pulgadas con Full-HD? ¿Un Audi A6 de 350 caballos? Dime, ¿que es la felicidad? ¿Un paseo por los Campos Eliseos? ¿Subir el Everest o quizás ver tu obra publicada como legado a las generaciones futuras cuando ya no estés? ¿Un paseo por el parque con el perro o plantar un árbol? Puede que tener un hijo, pero eso supongo que no lo sabré. Tampoco sabré que es la felicidad para todo el mundo, pero quizás puedo deciros que es para mi la felicidad.
Para mi la felicidad son 250 euros en un hotel. 250 euros por una hora de humanidad. Una hora de humanidad para poder volver a sentirme vivo. Gracias por fingir que te importé durante esa hora. Ha sido la mejor mentira de toda mi vida. Una hora de felicidad entre tus brazos mercenarios, una hora entre tus besos profilácticos. Me volveré a decir que me has querido durante una hora y que por 250 euros he conseguido conquistar tu corazón. De otra forma ni me habrías escupido a la cara. He dispuesto de una maravillosa hora para contemplar tu torso desnudo, húmedo por el sudor y tus perfectos pechos moviéndose rítmicamente con cada movimiento de tus caderas sobre mi cuerpo.
Una hora de felicidad, solo necesitaba eso.
Ahora ya puedo volver a sumergirme en la mierda, retozarme en el lodo como acostumbro hacer. Me volveré a emborrachar y a mirarme frente al espejo. Tres rayas más y podré siquiera aguantar mi propia mirada sin tener que contener la arcada. De postre, un puñado de pastillas para poder dormir y un trago más de alcohol para que bajen. Tragaré saliva. Invertiré 5 minutos en bucear en el autoengaño y uno más en dos largos en la autocompasión. Joder, puede incluso que me diga a mi mismo que tendré un buen día cuando vaya mañana a salir por la puerta de casa. Pero hoy no es ese día. Así que me quedo con mi asquerosa vigilia, oyendo cada uno de los putos tic-tac que el reloj tanto se empeña en recordarme que pierdo. Un segundo, ahora otro, otro más.
A cada momento mi felicidad se aleja un poco más que antes y con una carta de despedida me promete no volver. ¿Dónde quedó ese olor de caro perfume y la cuidada lencería? Apuro la botella para escapar de la sobredosis de felicidad.
Mañana, quizá, cambie mi suerte y los vientos del destino soplen a mi favor llevándome lejos de mi cabeza, dejando atrás mi cuerpo y proyectándome astralmente al país de Nunca Más. Por ahora me preocuparé de empastillarme para poder dormir (alcohol y relajantes musculares son una buena combinación), para no sentir. No, no es el dolor, si no el hedor desquiciante de mi propia piel echa jirones. El sonido de un puñal que se retuerce en mi interior. Duele pero no mata. Se asegura de que no mate.

martes, 27 de mayo de 2008

Hijos de la Tormenta


Lo más inquietante de las tormentas es la calma que queda después. Esa extraña sensación como que algo grave acaba de ocurrir. El olor a tierra mojada, la humedad en el aire que se te pega al rostro. Lo que mas me inquieta de las tormentas es lo que despiertan en mi: Un recuerdo que quiere y no puede ser recordado, una calma total, una absoluta carencia de todo lo que normalmente nos envuelve de forma tan violenta.
La tormenta ya ha pasado y aún su sombra planea amenazante sobre la ciudad; pero yo ya aguardo impaciente a que llegue la próxima. La mayoría de personas se refugian y miran desde sus casas. La minoría dejamos que nos abrace el viento y nos acaricie la lluvia. Entonces y solo entonces nos sentimos tranquilos y en paz. Es con el trueno que nuestro pecho vibra, es con el rayo, el autógrafo de Dios, que vemos las cosas más claras. Nosotros, hijos todos de la tormenta, tenemos hoy ciudades y banderas, puertos y hogares. Hoy tenemos una identidad propia que con la sociedad nos es arrancada. Durante un instante desaparece todo rastro de misantropía. Y tenemos hermanos y hermanas. Solo durante ese tiempo somos capaces de olvidar cualquier tipo de miseria, de sentimiento de soledad, de dolor, de apatía y de ausencia. No somos más felices, pero no sufrimos pesar o necesidad. Nosotros, Hijos todos de la Tormenta, dormiremos hoy algo mejor.

viernes, 16 de mayo de 2008

DISIDENCIA


Bajo las escaleras de la casa de mis padres de forma arrítmica. Llego al rellano, abro el portal y ¡¡¡puta mierda!!! El enorme y jodido Sol me quema los ojos. Medio ciego recupero la orientación (a veces pienso que nací con un GPS metido en el culo, justo al lado de la sección de almorranas) y recobro mi rumbo original. He adoptado una marcha bastante aceptable y nada ni nadie me impiden mantenerla. Aún me quedarán entre 4 y 5 minutos para llegar a mi destino mientras el ruido de la escasa calderilla de mi bolsillo trasero del pantalón, el crujir de la arena bajo mis zapatillas de raid y el estruendo de la asquerosa carretera me acompañan. En dos minutos habré llegado a mi destino. En mi boca se mezclan los sabores de la sangre provocada por la muela del juicio (saliente y porculera) y las pastillas de aliento fresco para combatir la halitosis matinal. Mi cabeza empieza por fin a despertarse y despejarse; me da los jodidos días, me hace un corte de manga y escupe sobre mi escaso ánimo para el día de hoy.
Palpo mis bolsillos en busca de mi billete, pues estoy a cuatro metros de la entrada del cercanías. En la puerta un orondo repartidor de periódicos gratuitos habla alegremente y sonríe a la mujer que tiene a su lado (grito de rata a la cual están cortando los genitales con un cuchillo de untar mantequilla de punta roma, mohoso y sin afilar) y con la que, sin lugar a dudas, desea aparearse. ¿De que coño se reirá el muy cretino? ¿Han encontrado acaso cura para el cáncer? ¿Regalaban muestras de mamadas con la edición de hoy? Hago un esfuerzo por olvidar esta patética muestra de alegría sin sentido. Bajo las escaleras y me sitúo en el andén justo delante de donde se abrirá una de las puertas.
Tras dos minutos de espera, algo de bullicio y bastantes pensamientos homicidas respecto a las energúmenas que sentadas en un banco tras de mi, gritan mas que hablan (su muy interesante conversación sobre el hijo de una de ellas y lo excelentísimo que es está provocándome cagalera, que dicho sea de paso sin ningún tipo de arrepentimiento o piedad depositaría sobre ese amago de abrigo de piel de visón). Llegada del tren. Puertas abiertas, carrera hasta el asiento mas próximo sorteando a intrépidas y acrobáticas ancianas, empujando con sus enormes bolsos. Objetivo conseguido, 15 minutos de relax antes de entrar en clase. Sentado placidamente empiezo a dormitar y lujuriosas escenas invaden mi mente.
Disfrazado de clown hago un Ménage à Trois con Sara y Maria, las cuales van vestidas a su vez de lencería con encajes blancos y negros. Arrodillado tras Sara embisto con fuerza mientras que Maria tumbada frente a nuestra amiga...-¡Jooo, kari, llamate tu al Yoni pog ke yo passso tia y como le bea al final ba a aber mobida, sabes, ¿no?
¡Joder, su puta madre! ¡Maldito transporte urbano y jodido sistema educativo!
Abro los ojos despojándome de los últimos vestigios de sexo imaginario que he tenido en 5 horas para ver quien ha sido el engendro follaperros que ha soltado semejante perla literaría en un tono tan sensual y un volumen suficientemente alto como para sacarme de mi oasis sexual.
Mmmmm, lo imaginaba: zapatillas de marca, vaqueros multibolsillo, sudadera tan alegre como un puto árbol de navidad... Junto a el se encontraba la destinataria del mensaje: pelo liso castaño, cortado a la altura de los hombros, grandes ojos marrones, suaves labios, la arquitectura de su rostro y el perfil de su nariz eran perfectos. Durante 3 segundos he estado locamente enamorado. 3 segundos hasta volver al tren. La especie humana es cuanto menos graciosa (por suavizarlo un poco). Si el amor normalmente es ciego, en este caso, como mínimo ha de ser gilipollas. ¿Puede alguien explicarme que hace semejante criatura celestial con alguien cuyo test de IQ sería superado con creces por el de un macaco con síndrome de Down y lobotomizado? -¡Venga kariiii, no seas así tu tampoko, si lo ha hecho sin querer, si no pasa na'!
¡Vaya, que sorpresa! ¡Estamos de enhorabuena! ¡Dos gañanes por el precio de uno! Frustración, risa, ira...¿cuantas cosas pueden sentirse en un solo instante?
Mi parada, por fin llegaré a clase y tranquilamente podré centrarme en los ordenadores. Sencillos, fríos, lógicos y precisos. Aún sin salir de la estación, ya me he cruzado con tres personas fumando tranquilamente ante la pasiva mirada del resto de viajeros y a un grupo de 4 vigilantes de "seguridad" acosando a un inmigrante africano que vendía en el Top Manta.
¿Por que he llamado a esta entrada DISIDENCIA? Sencillo, por que disido de todos vosotros pandilla de bastardos. Disido de vuestra elegida ignorancia. Disido de vuestra heredable estupidez. Disido del puto egoísmo que os sostiene. Disido de vuestra hipocresía. No me he levantado con el pie izquierdo, no pretendo enseñar a nadie ni mucho menos salvar el mundo (de momento, al menos, estando yo solo). Tan solo estoy cansado de la mierda que queréis que escuche, de la mierda que se supone debo leer, de la mierda que hacéis de esta vida. ¿Sabéis que? Con gusto compraría una avioneta y tiraría desde ella millones de palancas. ¿Para qué? Sencillo, para sacarme la bota de vuestro culo. Estáis avisados.