...y que cumplas muchos más.
Hace 24 años a un niño se le cayó un vaso de agua. El no sabía que podría significar eso. Pasarían 22 años hasta que las cosas empezaran a tener sentido. No llegarían a pasar otros 2 para que lo volviera a perder.
miércoles, 18 de junio de 2008
viernes, 13 de junio de 2008
Melancolía
Cuantos susurros malgastados en una noche. He bebido de tus lágrimas y de tu sexo. He llevado hasta tu memoria las ilusiones que perdiste siendo aún muy niña. No, no pude devolverte esa inocencia. A cambio, te ofrecí tus sueños. Los puse a tus pies. Luché por ellos, por hacerlos realidad. He sangrado allanándote el camino.
Nunca te lo dije pero ver cumplidos lo que creía que eran nuestros sueños por poco acabó conmigo por dentro y por fuera. Pero no importó, valía la pena, eras alguien por quien luchar. Lo viste desde fuera, no tuviste que aguantar la tensión en tu cuerpo. A veces cuando no estabas, me derrumbaba, así podía ofrecerte al menos por un instante, la mejor de mis sonrisas y podría intentar hacerte reír. Pasé por un autentico infierno personal en muchos sentidos y callé. Las dudas me asaltaron pero, por la noche te veía dormida a mi lado y todas las dudas se disipaban. Esa imagen por el resto de mi vida bien valdría todo por lo que pudiera estar pasando. No soy un buen tipo y mucho menos pretendo ser un mártir. Solo soy un tipo normal, con sus, dudas, fantasías, miedos y frustraciones que se enamoró. Algo que todo el mundo debería hacer dos veces en la vida.
He cometido grandes errores y he hecho cosas de las cuales nunca me expiaré de culpa. He perdido el control. La situación me pudo, pero tranquilos, eso no es una excusa ni pretendo que la sea.
Puede, y solo puede, que algún día entiendas esto. Por tu bien, espero que jamás sepas por lo que estoy pasando. ¿Cómo crees que me siento cada vez que me giro y no estas a mi lado?¿Sabes acaso el frío que se puede pasar a 32º C?¿Eres capaz de comprender lo que significa construir un sueño para que otra persona lo viva? No, claro que no.
Convéncete tu misma si lo deseas, pero con un lo siento no basta.
Adiós y buen viaje, me apeo aquí, en la estación de la melancolía. Solo llevo mis recuerdos pero, aún así, resulta un pesado equipaje de mano. Nunca quise abandonar el tren, recuérdalo, tú me echaste. No volveré a coger ningún otro tren, pues eras la única compañera de viajes. Me hubiera gustado tenerte gordita a mi lado.
Nunca lo sabrás, nunca leerás esto y para ti solo serán palabras pero no lo son. A veces las cosas son más grandes de lo que pensamos. Quizás algún día, una chispa haga que recuerdes esto. Puede que no sea un a historia épica pero para mi era tan bella como las estrellas del firmamento. Estrellas que me recuerdan que una vez amé. Una vez, fui un hombre.
Nunca te lo dije pero ver cumplidos lo que creía que eran nuestros sueños por poco acabó conmigo por dentro y por fuera. Pero no importó, valía la pena, eras alguien por quien luchar. Lo viste desde fuera, no tuviste que aguantar la tensión en tu cuerpo. A veces cuando no estabas, me derrumbaba, así podía ofrecerte al menos por un instante, la mejor de mis sonrisas y podría intentar hacerte reír. Pasé por un autentico infierno personal en muchos sentidos y callé. Las dudas me asaltaron pero, por la noche te veía dormida a mi lado y todas las dudas se disipaban. Esa imagen por el resto de mi vida bien valdría todo por lo que pudiera estar pasando. No soy un buen tipo y mucho menos pretendo ser un mártir. Solo soy un tipo normal, con sus, dudas, fantasías, miedos y frustraciones que se enamoró. Algo que todo el mundo debería hacer dos veces en la vida.
He cometido grandes errores y he hecho cosas de las cuales nunca me expiaré de culpa. He perdido el control. La situación me pudo, pero tranquilos, eso no es una excusa ni pretendo que la sea.
Puede, y solo puede, que algún día entiendas esto. Por tu bien, espero que jamás sepas por lo que estoy pasando. ¿Cómo crees que me siento cada vez que me giro y no estas a mi lado?¿Sabes acaso el frío que se puede pasar a 32º C?¿Eres capaz de comprender lo que significa construir un sueño para que otra persona lo viva? No, claro que no.
Convéncete tu misma si lo deseas, pero con un lo siento no basta.
Adiós y buen viaje, me apeo aquí, en la estación de la melancolía. Solo llevo mis recuerdos pero, aún así, resulta un pesado equipaje de mano. Nunca quise abandonar el tren, recuérdalo, tú me echaste. No volveré a coger ningún otro tren, pues eras la única compañera de viajes. Me hubiera gustado tenerte gordita a mi lado.
Nunca lo sabrás, nunca leerás esto y para ti solo serán palabras pero no lo son. A veces las cosas son más grandes de lo que pensamos. Quizás algún día, una chispa haga que recuerdes esto. Puede que no sea un a historia épica pero para mi era tan bella como las estrellas del firmamento. Estrellas que me recuerdan que una vez amé. Una vez, fui un hombre.
miércoles, 4 de junio de 2008
Agujas

Los recuerdos se clavan en mi cabeza, atraviesan mi cordura, perforan mi alma y desangran mi vida. Veo fantasmas allí donde miro. Veo momentos de otra época, de otro tiempo. Oigo palabras que no han podido ser dichas, veo niños no natos. Puedo oler el aroma de los jazmines que no florecerán de un jardín que no existe.
La noche me reserva un Blues como si de una declaración de intenciones se tratase. Me dice que no llegará el momento, que no se presentará la ocasión. Flotan voces en la noche, cargadas de rabia y sabiduría arcana. La oxidada experiencia me dice que me busque a mi mismo y que quizás en ese instante seré capaz de volver a sonreír. Puede que no sea tanta la intención, como la oportunidad, seguro que no.
Creía en algo, creía en ello con fervor religioso. Era mi credo y mi vida se dirigía a un fin. Pero entonces el viento cambió. Mi vida se disipó, se escurría entre mis manos como granos de arena. Por más que me aferraba a ellos más se caían.
Tristeza, impotencia, desilusión, desasosiego. Esperanzas perdidas y sueños brutalmente violados. Esperas en vano.
Tras horas de vigilia, aparece el sueño. Al ser este interrumpido, buscas algo a tu lado, algo con la mirada que te indique que allí continúa, pero no hay nada y empiezas a pensar que jamás lo hubo, solo frío vacío. Hechas la culpa al camello que te pasó esa mierda, al licor que juras no volver a tomar hasta la semana que viene. Intentas convencerte que tu imaginación te ha jugado una mala pasada por una copiosa cena. Entonces vuelves a mirar a la pared donde usualmente perdías la mirada y allí reposando, se encuentran las fotos.
Mierda. Todo fue real. Los besos, los abrazos, las sonrisas, las tardes en el parque, las noches sudando y las lágrimas. Todos tus errores son saetas clavadas en tu conciencia. Todo lo que entonces te queda de otra vida son lágrimas acariciando tus mejillas que repentinamente se precipitan a tu almohada.
No sirve de nada gritar cuando nadie te oye.
Solo puedes huir con la esperanza de poder dar esquinazo a todos los recuerdos. Pero te acosarán en cada motel en el que hagas noche. Llegarán los recuerdos con forma de canción en mitad de la oscuridad, sentado en una cama con la firma de mil amantes, sin hacer caso al televisor que se enciende frente a ti.
En cada sendero que cruzarás te preguntarás como hubiera sido. Nunca lo sabrás, así como nunca sabrás que no hay huida posible. No puedes escapar de lo que llevas dentro, como no puedes extinguir un volcán con un extintor.
Despierta, es hora de volver. Hora de comprar cariño en cualquier tienda de alimentación. Pasaré el código de barras y cargaré dos en mi tarjeta de crédito.
Solo he salvado una vida, dos si me apuras. Salvo eso, ¿cuál es mi legado? Agujas, solo agujas infectadas de recuerdos.
Las bestias nunca deberían intentar ser hombres ni los hombres deberían intentar ser bestias. No sé nada de la locura a la que desciendo, pero sé todo sobre aquello que dejo atrás.
domingo, 1 de junio de 2008
FELICIDAD
¿Qué coño es la felicidad? ¿Un televisor de plasma de 42 pulgadas con Full-HD? ¿Un Audi A6 de 350 caballos? Dime, ¿que es la felicidad? ¿Un paseo por los Campos Eliseos? ¿Subir el Everest o quizás ver tu obra publicada como legado a las generaciones futuras cuando ya no estés? ¿Un paseo por el parque con el perro o plantar un árbol? Puede que tener un hijo, pero eso supongo que no lo sabré. Tampoco sabré que es la felicidad para todo el mundo, pero quizás puedo deciros que es para mi la felicidad.
Para mi la felicidad son 250 euros en un hotel. 250 euros por una hora de humanidad. Una hora de humanidad para poder volver a sentirme vivo. Gracias por fingir que te importé durante esa hora. Ha sido la mejor mentira de toda mi vida. Una hora de felicidad entre tus brazos mercenarios, una hora entre tus besos profilácticos. Me volveré a decir que me has querido durante una hora y que por 250 euros he conseguido conquistar tu corazón. De otra forma ni me habrías escupido a la cara. He dispuesto de una maravillosa hora para contemplar tu torso desnudo, húmedo por el sudor y tus perfectos pechos moviéndose rítmicamente con cada movimiento de tus caderas sobre mi cuerpo.
Una hora de felicidad, solo necesitaba eso.
Ahora ya puedo volver a sumergirme en la mierda, retozarme en el lodo como acostumbro hacer. Me volveré a emborrachar y a mirarme frente al espejo. Tres rayas más y podré siquiera aguantar mi propia mirada sin tener que contener la arcada. De postre, un puñado de pastillas para poder dormir y un trago más de alcohol para que bajen. Tragaré saliva. Invertiré 5 minutos en bucear en el autoengaño y uno más en dos largos en la autocompasión. Joder, puede incluso que me diga a mi mismo que tendré un buen día cuando vaya mañana a salir por la puerta de casa. Pero hoy no es ese día. Así que me quedo con mi asquerosa vigilia, oyendo cada uno de los putos tic-tac que el reloj tanto se empeña en recordarme que pierdo. Un segundo, ahora otro, otro más.
A cada momento mi felicidad se aleja un poco más que antes y con una carta de despedida me promete no volver. ¿Dónde quedó ese olor de caro perfume y la cuidada lencería? Apuro la botella para escapar de la sobredosis de felicidad.
Mañana, quizá, cambie mi suerte y los vientos del destino soplen a mi favor llevándome lejos de mi cabeza, dejando atrás mi cuerpo y proyectándome astralmente al país de Nunca Más. Por ahora me preocuparé de empastillarme para poder dormir (alcohol y relajantes musculares son una buena combinación), para no sentir. No, no es el dolor, si no el hedor desquiciante de mi propia piel echa jirones. El sonido de un puñal que se retuerce en mi interior. Duele pero no mata. Se asegura de que no mate.
Para mi la felicidad son 250 euros en un hotel. 250 euros por una hora de humanidad. Una hora de humanidad para poder volver a sentirme vivo. Gracias por fingir que te importé durante esa hora. Ha sido la mejor mentira de toda mi vida. Una hora de felicidad entre tus brazos mercenarios, una hora entre tus besos profilácticos. Me volveré a decir que me has querido durante una hora y que por 250 euros he conseguido conquistar tu corazón. De otra forma ni me habrías escupido a la cara. He dispuesto de una maravillosa hora para contemplar tu torso desnudo, húmedo por el sudor y tus perfectos pechos moviéndose rítmicamente con cada movimiento de tus caderas sobre mi cuerpo.
Una hora de felicidad, solo necesitaba eso.
Ahora ya puedo volver a sumergirme en la mierda, retozarme en el lodo como acostumbro hacer. Me volveré a emborrachar y a mirarme frente al espejo. Tres rayas más y podré siquiera aguantar mi propia mirada sin tener que contener la arcada. De postre, un puñado de pastillas para poder dormir y un trago más de alcohol para que bajen. Tragaré saliva. Invertiré 5 minutos en bucear en el autoengaño y uno más en dos largos en la autocompasión. Joder, puede incluso que me diga a mi mismo que tendré un buen día cuando vaya mañana a salir por la puerta de casa. Pero hoy no es ese día. Así que me quedo con mi asquerosa vigilia, oyendo cada uno de los putos tic-tac que el reloj tanto se empeña en recordarme que pierdo. Un segundo, ahora otro, otro más.
A cada momento mi felicidad se aleja un poco más que antes y con una carta de despedida me promete no volver. ¿Dónde quedó ese olor de caro perfume y la cuidada lencería? Apuro la botella para escapar de la sobredosis de felicidad.
Mañana, quizá, cambie mi suerte y los vientos del destino soplen a mi favor llevándome lejos de mi cabeza, dejando atrás mi cuerpo y proyectándome astralmente al país de Nunca Más. Por ahora me preocuparé de empastillarme para poder dormir (alcohol y relajantes musculares son una buena combinación), para no sentir. No, no es el dolor, si no el hedor desquiciante de mi propia piel echa jirones. El sonido de un puñal que se retuerce en mi interior. Duele pero no mata. Se asegura de que no mate.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)